Recorriendo el mundo desde 1989 en un Mercedes-Benz G-Wagon

Para las personas a las que nos gusta ésto de los coches, organizar y llevar a cabo un viaje es siempre algo especial. Una ruta por los Alpes Suizos, la obligada peregrinación al Nürburgring, cruzar los Estados Unidos de costa a costa, etc. En 1989, el alemán Gunther Holtorf y su mujer Christine se embarcaron en un periplo de 18 meses alrededor de África. ¿Su medio de transporte? Un robusto Mercedes-Benz G-Wagen. Como que la aventura les debió fascinar tanto, imagino, 23 años y 800.000 kilómetros después todavía estan recorriendo las carreteras de medio mundo. De Australia a Suramérica, de África al campo base del Everest.

David Lemke, un fotógrafo de la BBC, se cruzó en su camino casi por casualidad. Por entonces, el alemán ya contaba con 74 años, una edad que no le ha impedido continuar con la aventura. De hecho, el golpe más duro no fue ningún problema mecánico con el vestusto G-Wagen, sino el fallecimiento de su mujer. Aún así, ella le pidió que continuase el viaje por si solo, como una especie de tributo u homenaje. Y así ha sido.

El coche, un Mercedes-Benz 300GD al que llama cariñosamente Otto, nunca ha sufrido una avería seria, cosa que dice mucho de la fiabilidad del viejo G-Wagen (apuesto a que hacer lo mismo con un ML no hubiese dado el mismo resultado). De hecho, Holtorf conoce tan bien a su coche que en cuestión de minutos es capaz de localizar y reparar la avería. Una de las cosas que llama la atención es que el coche no cuenta con ningún adhesivo ni patrocinador, como suele ocurrir en este tipo de aventuras. La razón és que al alemán no le gustaba la idea de llevar un coche "que se pareciese a un Formula 1", lleno de pegatinas. Y por motivos de seguridad, claro. En según que países, cuánto más discreto pases, mejor.

Gunther Holtorf talked about his Africa hyena experience from alubavimeo on Vimeo.

Entonces, ¿cómo ha podido permitirse un viaje de 23 años -- y lo que queda? Holtorf comenta que los principales gastos en un viaje son el alojamiento en hoteles y la comida en restaurantes. Él prefiere dormir en el coche y cocinar la comida que va comprando sobre el camino, ahorrando de paso una buena cantidad de dinero. En este sentido, en esta aventura el coste más elevado corresponde al carburante y el transporte de Otto de un continente a otro o de una isla a otra. Ésto y poco más.

Comenta el alemán que cuánto más viajas, más te das cuenta de lo poco que has visto. Aunque después de haber estado en países como Korea del Norte, Cuba, Irak (¡en plena guerra!), en lugares tan recónditos como el campo base del Everest o recorriendo la mítica Carretera Panamericana, no sé yo que le debe quedar por ver. Lo más curioso es que en un mundo tan conectado como el mundo en el que vivimos, este periplo haya pasado tan desapercibido. Ni blogs, ni reportages ni ningún tipo de cobertura ha seguido los pasos de Holtorf en todos estos años. Tan solo dos viejas cámaras Leikas de carrete le han acompañado desde el primer día. Y casi que mejor así...

Vía: Jalopnik