Lotus decide renunciar al ambicioso plan de «cinco años, cinco coches»

Lotus es un fabricante británico cuyos deportivos cuentan con una personalidad muy marcada y definida que se podría resumir en una sola palabra: ligereza. Esa es y ha sido la clave de su éxito desde que Colin Chapman fundase la compañía en los años 50. En este sentido, me imagino que no soy el único que se sorprendió cuando Dany Bahar, ex-CEO de Lotus, mostró su plan de "cinco años, cinco coches" en el salón de París de 2010: deportivos grandes, potentes, de cuatro puertas, híbridos, todos ellos desarrollados para así poder jugar en las grandes ligas, aquellas donde los deportivos de Ferrari y Porsche dominan a placer.

Desgraciadamente, las cosas no acabaron de ir como Dany Bahar esperava. La venta de Proton, propietaria de Lotus, a DRB-Hicom, un fondo de inversión malayo, hizo que la inversión en el pequeño constructor inglés se parase de la noche a la mañana. Para Bahar las consecuencias fueron más graves si cabe, pues fue fulminantemente despedido hace unas semanas. Siendo él el máximo defensor de este ambicioso plan de expansión, era lógico que eso de los "cinco años, cinco coches" tenía los días contados, como al final ha acabado sucediendo.

El nuevo plan de negocio, bastante más realista que el que Dany Bahar presentó hace un par de años, reducirá el nombre de modelos de cinco a solo tres, reduciéndose a los ya conocidos Elise, Exige y Evora… y un más que posible Esprit, modelo que debería encontrarse en las fases finales de desarrollo. Ni berlinas-coupé con tecnología híbrida, ni descapotables para rivalizar con el Ferrari California, ni vehículos urbanos con tecnología híbrida. Lotus se limitará a hacer lo que sabe hacer mejor: deportivos ligeros, simples aunque tremendamente efectivos, y capaces de ofrecer unas sensaciones al volante que pocos modelos pueden igualar.

El nuevo plan de negocio de Lotus también incluye la rescisión del contrato que les unía a cincuenta empresas externas que trabajaban en los nuevos modelos de la marca, optando en su lugar por el desarrollo propio. Ésto permitirá a la compañía ahorrar bastante dinero y racionalizar los recursos de que dispone en un modelo de negocio bastante más modesto. Una de las primeras consecuencias de esta decisión la encontramos en el desarrollo del motor y cambio del Esprit, llevado a cabo por la propia marca en vez de recurrir a un suministrador externo (como Toyota). En este sentido, no sería de extrañar que los británicos volviesen a entablar conversaciones con los nipones para así poder usar sus V8 (e incluso V10) en el nuevo super-deportivo de Hethel.

Visto lo visto, creo que hay motivos para ser optimistas. Lotus (o sus propietarios) vuelven a centrarse en lo que los británicos saben hacer mejor: crear deportivos asequibles aunque tremendamente efectivos en circuito y zonas reviradas, y donde la ligereza sea mucho más importante que la potencia o las prestaciones en línea recta. Yo, como purista de la marca y de modelos como el Elise MK1 o el viejo Elan, que este año cumple 50 años, no podría estar más contento.

Vía: Auto Express