De Tomaso se declara en bancarrota

Por segunda vez en diez años, De Tomaso se ha declarado en bancarrota tras no poder llegar a un acuerdo con un comprador chino. Es, en otras palabras, la crónica de una muerte anunciada. Después de volver por la puerta grande coincidiendo con el salón de Ginebra de 2011, donde presentaron un crossover basado en el Cadillac SRX y muy parecido en cuanto a plantamiento al BMW Serie 5 GT, el fabricante italiano no ha conseguido mantenerse en pie a pesar de las promesas que nos hicieron sobre al retorno del Pantera, el deportivo que a todos nos hubiese gustado ver. Claro que arriesgando tanto con el Deauville, un primer modelo que levantó más críticas que elogios, la verdad es que esta noticia tampoco ha sorprendido mucho.

Porque las cosas como són: volver con un crossover que no es ni una berlina, ni un SUV, ni nada que se le parezca, quizás no fue la mejor de las ideas. ¿Que hubiese pasado si la aventura de Gian Mario Rossignolo hubiese empezado con un deportivo de motor central a imagen y semejanza del Pantera de antaño, una propuesta mucho más en línea con la tradición histórica de la marca? Nunca lo sabremos. Sea lo que sea, lo que es un hecho es que hoy un tribunal de Livorno ha declarado la empresa en bancarrota y ha nombrado un administrador judicial para que liquide los bienes que le quedan al De Tomaso, cerrando de esta forma otro capítulo para olvidar en la particular historia del fabricante italiano.

Desde que la marca presentara su enésimo proyecto de ressurección en Ginebra, la verdad es que poco o nada se ha movido en el entorno de De Tomaso. Sus promesas fueron sin duda excesivamente optimistas, prometiendo 3.000 unidades al año tanto del Deauville como de los siguientes modelos que tenían previsto presentar, un deportivo y una berlina. De entrada, los responsables de la marca italiana partían de una inversión inicial de 53 millones de euros, una cifra que tras tres años debía ascender hasta los 120 millones. ¿El pretexto? China, Rusia y los mercados emergentes, siempre a mano cuando se quiere marear la perdiz. Por desgracia, ni chinos ni rusos han conseguido sacar a los italianos del agujero financiero en el que se encontraban, obligando a sus responsables a arrojar la toalla.

La situación es especialmente grave para los 1.200 empleados que trabajaban (no sé yo en qué) en la antiguas instalaciones que Pininfarina tenía en Grugliasco, los cuales no han visto un duro desde hace ya bastantes meses. Tras las optimistas promesas de Rossignolo cuando éste se hizo con los derechos de De Tomaso en 2009, ahora el fabricante italiano tiene a todo el mundo en contra: trabajadores, sindicatos, etc. Y es que no es de extrañar: después de dos años en los que no se ha consolidado ninguna de las vacuas promesas que hizo el empresario italiano, uno se queda con la sensación de que todo el proceso ha ido mal desde el primer día.

Vía: La Stampa