El Reino Unido quiere aumentar la velocidad máxima hasta los 130 km/h

Hace años, una campaña para promover el turismo en España tenía como eslogan el conocido Spain is different, y la verdad es que no podía ser más acertado. Mientras que no hace ni dos días no podíamos pasar de 110 km/h, como medida de ahorro de combustible ante la creciente inestabilidad en el norte de África, otros países de Europa se están planteando seriamente subir la velocidad máxima hasta los 130 km/h. Ese es el caso, por ejemplo, del Reino Unido: en 1965 se introdujo el límite de 70 mph (113 km/h) y desde entonces nadie se ha atrevido a tocarlo. Esta vez ha sido el propio gobierno conservador del país el que ha propuesto subirlo a 80 mph (130 km/h) con el fin de "estimular la circulación interna, reducir el tiempo en los desplazamientos y reactivar la economía".

Aunque no acabo de ver claro como subir la velocidad máxima en 10 km/h puede estimular la economía nacional, lo que es un hecho irrefutable es que los coches de hoy en día no tienen absolutamente nada que ver con los que se usaban en 1965, fecha en la que se estableció el anterior límite. En la actualidad contamos con coches más seguros, más estables, más cómodos, aunque también más eficientes y ahorradores. No obstante, y a pesar de la lógica que pueda tener esta decisión, todavía hay gente que se empecina en que ir más rápido solo puede acarrear más quebraderos de cabeza. Me refiero, como todos os debéis estar imaginando, a los ecologistas, aunque tampoco son los únicos que opinan así: los responsables de la Sanidad británica también han alertado que más velocidad significa más polución, lo que se traduce en más enfermedades y más gasto sanitario.

El tercer lobby de presión es el de las aseguradoras, que alegan que el aumento de velocidad provocará más accidentes, lo que repercutirá de forma negativa en las primas de los seguros. Aunque los dos argumentos anteriores tienen su base y su razón de ser (aunque podamos estar más o menos de acuerdo con ellos), el tema de la siniestralidad cuesta creérselo, especialmente en un país con uno de los índices de accidentes más bajo de Europa. En relación a ésto, el gobierno catalán afirmó hace poco que desde que se suprimió el límite de 80 km/h en los accesos a Barcelona, la siniestralidad se ha reducido de forma importante. Más leña al fuego.

Actualmente, la mayor parte de Europa cuenta con límites genéricos de 130 km/h. Únicamente en Polonia, con 140 km/h de velocidad máxima en autopistas y autovías, y en Alemania, con las ya conocidas autobahn sin límite alguno, se puede circular más rápido. ¿Y España? Pues a 120 km/h, como hace 40 años a pesar de los avances que ha habido en la seguridad vial y en la indústria del automóvil. Eso por no mencionar que cada día tenemos más radares y coches patrulla en nuestras carreteras, como si no tuviésemos poco con la limitación en sí que encima nos tienen que perseguir como a delincuentes.

De momento, esta decisión no será efectiva a corto plazo. Las conversaciones con los diferentes estamentos implicados empezarán a finales de año, con el objetivo de poder aumentar el límite a 130 km/h en el año 2013 (con lo fácil que se bajó de 120 a 110 km/h en España, de la noche al día). Personalmente, no me considero ni un loco ni un conductor al que le gusta pisarle, más bien al contrario (aunque cueste creerlo). Lo que no acepto es que se nos trate como a niños pequeños, se nos diga que no podemos ir a más de 120 km/h a riesgo de hacernos daño, cuando la realidad nos dice que allá donde se ha aumentado el límite a 130 km/h, la siniestralidad no ha aumentado de forma significativa (si es que no ha disminuido). Lo dicho, Spain is different.

Vía: The Guardian