Guerra de coches: Ford Mustang vs BMW M3

¿Que? ¿Nos hemos vuelto locos? ¿Como podemos comparar la finura y sofisticación de todo un BMW M3 con un simple y rudimentario Ford Mustang? Pues sí, señores. Inspirado en un artículo publicado por Motor Trend, en esta nueva entrega de "Guerra de coches" he querido comparar estos dos coupes tan, aparentemente, dispares. Pero mejor será que no saquemos conclusiones equivocadas: el M3 y el Mustang tienen muchas más cosas en común de las que pueda parecer a simple vista.

Los dos equipan motores V8 con bloques de aluminio, ofreciendo 414 caballos para el M3, y 412 para el Ford. El M3 pesa 1.656 kilos, mientras que el Ford para la báscula en los 1.638 kilos. Eso hace que ambos deportivos cuenten con la misma relación peso-potencia, lo que a su vez permite que el M3 tarde 4,3 segundos en alcanzar los 100 km/h, tan solo 1 décima más para el 'Stang. ¿El tiempo en el cuarto de milla? El mismo: 12,7 segundos, a 179 km/h. Para rematar la jugada: el M3 tarda 32 metros en frenar desde 100 km/h, mientras que el Ford tan sólo necesita 31,7. Con los datos en la mano, la comparación ya no parece tan descabellada, ¿no? Claro que una cosa es comparar las frías cifras, otra comparar el rendimiento puro y duro en un circuito, y una tercera, muy diferente, es comparar el día a día con un coche de este tipo. Pero a eso ya llegaremos más adelante.

Por primera vez, parece que los yankees puedan sacar pecho con la última evolución del legendario Mustang. Legendario por la de años que lleva en el mercado, por lo vinculado que está a la cultura del american way of life y por lo arraigado que está al otro lado del charco. Por contra, el coupe de Ford nunca ha brillado precisamente por su agilidad, especialmente cuando ha sido comparado con su rivales equivalentes europeos. Sólo las sabias manos de Carroll Shelby lograron un poco de competitividad con los GT350 en los años sesenta, pero eso eran versiones de competición, otra historia completamente diferente. Nada que ver con lo que nos ocupa hoy.

La cosa parece que ha cambiado definitivamente con la última encarnación del coupe americano. Con un nuevo motor V8 de 5 litros de cilindrada, ahora el Mustang cuenta con un par y un empuje como nunca lo ha tenido. Desgraciadamente, Ford sigue insistiendo con el eje trasero rígido, lo que evidentemente le resta eficacia ante bastidores tan bien preparados como el del M3. ¿Serán estas mejoras suficientes como para plantarle cara a uno de los deportivos más refinados del mercado actualmente? Motor Trend ha sido la encargada de enfrentarlos en un test en circuito, poniendo ambos coches en manos de un piloto profesional, y un piloto amateur.

Para hacer más justa la comparación, el BMW ha sido equipado con el Competition Package, que ofrece llantas con más anchura y neumáticos semi-slick, y una suspensión revisada y rebajada, así como una centralita que cuenta con nuevos tarados en el control de tracción y en el control de estabilidad. Son mejoras, todas ellas, que acentúan el rendimiento del bávaro en circuito. Por contra, el Mustang cuenta, entre otras opciones, con el Brembo Brake Package, una opción que incluye frenos con pinzas de cuatro pistones delante, unos frenos muy similares a los que también equipa su rival alemán. Con todas estas opciones, es curioso dar una ojeada a los precios de ambos coches. Mientras que el BMW sale por unos $67.025 (unos 52.415€ al cambio), el Ford puede ser tuyo por $40.275 (es decir, 31.435€). En otras palabras: entre los dos hay una diferencia de unos 20.000€, dinero suficiente como para comprarte muchas cosas. Muchísimas.

Pero aquí no todo son números, cifras de potencia y precios. Lo que importa es la sensación que da cada uno al volante. Para empezar, tenemos el motor. El 5.0 litros del Mustang ofrece un nivel de potencia y empuje a medio régimen, que hacen del M3 un coche, aparentemente, lento. Claro que el 4.0 V8 del deportivo alemán está pensado para ser usado en la banda alta del cuenta-vueltas, que es donde se encuentra más cómodo y donde da lo mejor de si.

Esa diferencia de par entre los dos compensa, en cierta medida, la (im)precisión del cambio del Ford. Mientras que el BMW usa un cambio de doble embrague DCT que va a las mil maravillas, el Mustang cuenta con una caja manual de seis relaciones con unos recorridos algo imprecisos. ¿Como se puede compensar eso? Pues no cambiando de velocidad: el empuje del americano hace que a veces no sea necesario bajar de marcha y podamos, simplemente, tirar de motor, gracias en gran parte a una curva de potencia completamente plana.

En lo que hace referencia al chasis, aquí las diferencias se hacen más notorias. La precisión y el equilibrio del que goza el coupe bávaro no tienen nada que ver con el Mustang, un coche que balancea mucho en curvas, y que cabecea de forma considerable cuando abusamos de las pinzas Brembo de cuatro pistones. Con una dirección no del todo precisa, como ya hemos dicho, pero tremendamente rápida, la conducción del Ford no se ve muy afectada por el (anticuado) eje trasero rígido. Curiosamente, parece ser que la suspensión perjudica más la conducción que el eje trasero en sí, con un balanceo un poco excesivo en algunas zonas del trazado. Por contra, las suspensiones del M3 trabajan a las mil maravillas, manteniendo el coupe alemán siempre bajo control, lo que a su vez permite encarar las zonas más reviradas del circuito a más velocidad, y lo que es más importante, con más confianza.

Por contra, cuando uno se sube en el M3, lo primero que nota es la falta de empuje a medio régimen, especialmente si lo comparamos con su rival de hoy. A nivel de conducción, el BMW es un coche sensiblemente más subvirador, lo que lo convierte en una opción más segura y fácil para rodar rápido, pero que por contra resta mucha de la diversión que uno puede tener al volante del Mustang.

Si comparamos los tiempos que los dos pilotos lograron en un trazado de 2,9 kilómetros, las conclusiones son bastante interesantes. En manos del periodista, el Mustang fue 0,55 segundos más rápido, a pesar de que al bajarse del BMW, éste tenía la sensación que el M3 había sido más rápido. La respuesta hay que buscarla en la entrega de potencia, y en un control de tracción menos intrusivo en el Ford, lo que facilita el salir de las curvas a más velocidad. En manos del piloto pro, por contra, el BMW fue ligeramente más rápido. Y cuando digo "ligeramente" me refiero a "0,09 segundos ligeramente". Una diferencia inapreciable, se mire como se mire.

¿Convierte eso automáticamente en ganador al Mustang? No del todo. Aunque el deportivo americano nunca ha estado tan cerca de sus rivales europeos, y a pesar de que su motor es todo empuje, especialmente si lo comparamos con el V8 del BMW, la principal diferencia está en el chasis, mucho más refinado en el caso del M3, lo que da un control absoluto al conductor en todo momento.

No obstante, y aquí viene mi opinión personal, el BMW y el Mustang no tienen nada que ver. Nada. Es como comparar un Clio Sport con un Lotus Elise: son ligeros, cuentan con cifras de potencia similares, pero están destinados a públicos y una clientela totalmente diferentes. Lo mismo pasa entre los dos coches que enfrentamos hoy. Los poco más de 20.000€ que separan ambas alternativas, ya de entrada, los sitúan en dos ligas completamente diferentes: el lujo y la sofisticación para el M3, las prestaciones puras al alcance de todo el mundo para el Ford. Solo hay que dar un vistazo al interior para darse cuenta que los dos coches están pensados para un público bien diferente: mientras que el diseño del M3 es sobrio pero está rematado con materiales de alta calidad, el habitáculo del Mustang es mucho más vistoso, y con un acabado inferior. Claro que por poco más de 30.000€ tampoco podemos pedir demasiado...

Eso si, ver como un coche con una filosofía tan básica como es el Mustang, le "moja la oreja" a todo un icono de la automoción europea, es como para ponerse las pilas. Y es que uno se queda con la sensación que, mientras que el Ford ha ido ganando en deportividad a lo largo de los años, siendo cada vez más ágil y divertido de conducir, el BMW M3, por contra, ha ido perdiendo esa magia de la que si gozaba el primer M3, ganando peso y tamaño con cada nueva generación, y pasando de ser un coche de homologación para competición, a un gran turismo en toda regla. Ese es el principal problema que veo en el M3. Aunque parece que BMW ya ha tomado nota de eso, con el nuevo Serie 1 M Coupe...

Vía: Motor Trend