Prueba: Subaru Impreza WRX SE (Parte 2)

Después de conocer las impresiones del interior del auto, queda hablar del exterior del mismo.

De adelante hacia atrás, se pueden encontrar detalles que no hacen más que recordarnos a los rallies. La fascia delantera aunque no es de lo más agresiva ni afilada que se puede encontrar en la gama Subaru, hace perfecto juego con el cofre (capó) y parrilla.

La entrada de aire anuncia a todas luces que este auto puede jugar duro y sin complejos con quien se deje. Bajo ese mismo tenor, los rines (llantas) de 17 pulgadas y las gomas con una pisada de 225 mm no sólo hablan de un muy buen balance entre agarre, estabilidad y consumo (el exceso de goma tiende a afectar en este último apartado), sino de una encantadora estética gracias a que el color grafito de sus llantas se ve fantástico, sin mencionar que las mordazas de doble pistón pueden verse desde fuera.

Continuando con los costados, la superficie cóncava me recuerda un poco a la del BMW Serie 3, aunque los estribos no me agradan tanto como en el caso del alemán. Ya para rematar, en su parte trasera los tubos de escape y los silenciadores gemelos se ven excelentes, a pesar de que no cuenten con gran detalle en el terminado. Otro de los mejores elementos en la carrocería del WRX SE es su alerón trasero, uno de los detalles que en este modelo no podrían faltar pero que a diferencia del STI es mucho más discreto.

Antes de terminar de comentar su exterior, quise abrir el capó para echar un ojo al acomodo del motor.

Lo primero que salta a la vista son el interenfriador y el múltiple de admisión. La primera impresión que me transmite conocer el motor de cerca es la de cierta decepción debido a la falta de una tapa como en casi todos los autos modernos (se ve feo). Sin embargo, después recordé que quién compra un Impreza WRX (y de allí para arriba) lo prefiere así. Digamos... la mecánica desnuda se disfruta más que con un plástico que esconde la belleza de este bóxer de 2.5 litros turbocargado. ¿O me equivoco?