Prueba: Dodge Challenger SRT8 (Parte I)

Mi auto favorito es el Porsche 911, podría decir que cualquiera, pero el GT3 más reciente es mi adoración desde el viernes pasado por una anécdota que luego les compartiré. Por ello, consideraba que cualquier American Muscle no era lo suficientemente 'digno' de mí.

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Primeras impresiones

¿Mis razones? Podrían ser obvias, pero aquí algunas de ellas. A diferencia del 911 o casi cualquier deportivo europeo (BMW M3, por mencionar otro), el Challenger tiene teóricamente todas las características más grotescas que un auto puede tener. Motor enorme (6.1 litros) y poco eficiente, alto centro de gravedad, exagerado peso (alrededor de 1,900 kg), una dirección adormecida, altos consumos, transmisión automática y otros etcéteras.

Sin embargo, el Challenger SRT8 es una excepción a la regla. Es un Angus Young (guitarrista de AC/DC) hecho auto. Es toda una celebridad que sin complejo alguno puede llegar a cenar al restaurante más elegante de la ciudad y ser atendido cual presidente (sin mencionar el tema de los curiosos papariazzi) e incluso puede poner en serios aprietos a cualquier conductor poco habituado a la velocidad de un Mercedes o Jaguar (et al).

Por ello considero que un Challenger convierte a su conductor en un showman, lo transforma en otra persona. El auto no pasa desapercibido bajo ninguna circunstancia y además de ello, la gente tiende a buscar nuestra mirada y levantar sus pulgares con la expectativa de escuchar el rugir de su enorme y poco eficiente V8.

Entonces no es que a partir de conocer al Challenger SRT8 quiera menos a los autos de Ferdinand Porsche, a los finos ingleses o a las piezas de Bavaria, sino que mi corazón ha crecido para hacerle espacio a los hasta ahora incomprendidos muscle cars. Me parece que éstos son los únicos coches capaces de despertar en sus dueños un instinto casi animal por consumir gasolina sin conciencia, acelerar en cada oportunidad para hacer ruido y subir el volumen para escuchar AC/DC, Guns & Roses, Metallica, o similares para sentirse uno con el auto.

Un saludo a Héctor de Losada, quién se sentirá orgulloso de leer esto.