BMW Driver Training, curso de conducción deportiva (III)

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Siguiendo con las tandas de vueltas al circuito, nos encontrábamos inmersos en un calor infernal, aunque muy bien refrigerados con la ayuda del camarero del box. Las vueltas se sucedían y cada vez que llegaba el coche de uno, éste salía casi corriendo a ocupar el asiento que dejaba su compañero.

El gustazo de poder dar gas todo lo que fueras capaz en el circuito es una sensación muy agradable, siempre en condiciones de máxima seguridad y sin preocuparte de que si apuras 3 metros más la frenada y te pasas, pueda pasar algo; las escapatorias son buenas y lo único que tienes que hacer es volver a concentrarte, tras reincorporarte a pista sin entorpecer al resto de coches que circulan.

Ya llevábamos rodando varias horas con el 335i y cada vez nos sentíamos más cómodos con el vehículo y casi llegando a nuestro límite, tanto físico como de nuestra capacidad de aprendizaje y adaptación al vehículo del día, pero de repente se empezaron a escuchar unos sonidos raros, unos sonidos excitantes, broncos y,digamos, intimidantes.

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Estaba sentado charlando con los demás participantes de la prueba cuando vemos a un M3 salir del box de al lado y pasar por delante de nuestras narices. En ese momento todo el límite del que os había hablado desaparecieron para dar cabida a unas tremendas ganas de echarle el guante a aquel precioso bólido que se disponía a rodar por el trazado nacional de Montmeló.

Su sonido y bella estampa, totalmente diferenciada del resto de serie 3, te hacen pensar que es un coche distinto, otro modelo, otra evolución, otra bestia de devorar el asfalto. Defensas mucho más agresivas, faldones laterales más definidos, el capó sobredimensionado para albergar al motor en V, pequeñas salidas de refrigeración en el mismo y en los laterales, que se fusionan con los intermitentes y continúan el perfil musculado hacia la trasera, que termina con un pequeño alerón sobre el maletero. Espejos más agresivos, techo en fibra de carbono y 4 escapes rematan el colofón visual de esteroides de este modelo, que por dentro no deja de ser menos.

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El M3 es un modelo que deriva de un serie 3, pero con motor, suspensión y estructura específica. El propulsor es un V8 a 90º de 4 litros, 420 cv a 8.300 rpm y 400 Nm de par máximo a 3.900 rpm, que se mantiene constante hasta las 6.000 rpm y baja progresivamente, una verdadera delicia de motor, característico de BMW. Su velocidad máxima está autolimitada a 250 km/h, tal y como impera el pacto entre los principales fabricantes alemanes, pero llega de 0 a 100 km/h en sólo 4.6 segundos.

El equipo de frenos es específico y reforzado, con pinzas flotantes y discos perforados, pero quizás un poco “escasos” para conducción deportiva prolongada. Pesa 1700 kg la berlina y 1675 el coupé, pero con el chasis puesto a punto por la división M de BMW, el vehículo se mueve con una gracia digna de ver y sobre todo de sentir, totalmente diferente al 335i.

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La unidad que me tocó probar fué la versión berlina, con cambio DKG de levas en el volante. He de confesar que no me parecieron demasiado cómodas para accionar, debido a su escaso tamaño, pero tanto el piloto que me acompañaba como el resto de compañeros coincidían en que iban bastante bien, comparado con las del DSG u otros similares sobre todo, aunque ni por asomo se acercaban a la comodidad de unas levas de gran tamaño como las de un Ferrari.

El M3 es un modelo para el día a día, pero con cualidades de circuito y se nota. Te sientas y todo está perfectamente ajustado, con las comodidades de cualquier vehículo de a diario, asientos cómodos con buena accesibilidad, materiales buenos y de buen acabado y en general un ambiente y grado de confort bastante elevado. Sin embargo, una vez pisas el pedal a fondo, te olvidas de todo lo que acabo de mencionar y tu mirada no se apartará más de lo que hay más allá de los cristales que te protegen del viento.

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Es una auténtica delicia sentir cómo te empuja hacia el asiento, cómo te recoge en ellos y te va cantando una de las nanas más excitantes del mundo, se llama V8. Ves subir los indicadores LED del cuentarevoluciones y al encenderse los naranjas piensas, un poco más, rojos…  cambias de marcha… ¿ha cambiado? Sí, la respuesta del motor es perfecta y el cambio es tan rápido que casi no aprecias que estás en una marcha superior y el coche sigue avanzando rápido hasta la siguiente curva.

Avanza rápido, muy rápido y cuando te das cuenta tienes que pisar el freno antes de lo que hacías con el 335i para no salirte despedido en el siguiente giro de volante, ya que estabas llegando más rápido que con el anterior modelo. El modelo va mucho mejor en curva y eres capaz de saltar de un vértice al otro con un aplomo, decisión y confianza muy superior.

Los frenos son mejores, pero unido a un chasis afinado y la superior superficie de contacto de las ruedas realizas una frenada más fuerte y más fácil. Es un vehículo que da gusto conducir y que mantenía mi pulso alto, pero que hacía que cada vez me exigiera más tras cada vuelta para poder ir llegando a su límite, cosa que ni por asomo conseguí realizar.

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Parece que cada curva que das más y más rápido el vehículo te pide que lo hagas más rápido, lo haces y pide más. Sigues y lo único que consigues es que tu sonrisa siga creciendo… hasta que te dicen que aflojes, vuelta de refrigeración. ¡¿YA?! El tiempo pasa tan rápido a sus mandos como lo haces por la recta de meta, llegando a frenar al final a 220 km/h, al igual que el otro vehículo del día, el ya “pequeño 335i”.

El M3 es un vehículo que enamora realmente, pero para jugar a diario con él tendrás que pagar un 50% más que por un 335i, ya que su precio, con cambio manual, arranca en 75.000 euros y luego suma otros 5.000 del cambio DKG, etc. Sin embargo, puedes apuntarte a uno de estos divertidísimos cursos y quien sabe, acabes realizando el experiencia M, con un M3 para dos participantes con un monitor profesional permanente que te evalúa y trabaja contigo para progresar como piloto. ¡Yo ya estoy ahorrando!