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Reconozco que tengo especial debilidad por el entrañable Land Rover Defender, sobre todo desde que en un cursillo de conducción todo terreno de la marca me demostraron sus impresionantes capacidades camperas.

Pero los años no pasan en balde, y algunos achaques de la edad no los soluciona ni la viagra.

ams le echó el guante a la recién remozada versión del ilustre abuelo del off-road y puso en evidencia un par de debilidades que a estas alturas de partido ya no son de recibo.

Lo más acongojante fué el vuelco que sufrió el coche durante la conocida prueba del alce que tan famosa hiciera el Mercedes Clase A hace un par de lustros.

Hoy en día, el problema lo resuelve cualquier programa de estabilidad que se precie. Sin embargo, en el nuevo Land Rover Defender no dispone de ESP, ni siquiera en opción, y el fabricante inglés no tiene intención de ofrecerlo.

Y aunque el modelo cumple los niveles mínimos de seguridad obligatorios para su comercialización, presenta otra peculiaridad aún más preocupante: en las pruebas de frenado necesitó nada menos que 54 metros para detenerse desde los 100 km/h.

Estos datos pueden ser tolerables en un coche con matrícula histórica (esos que son ideales para salir el domingo por la mañana a tomar el aperitivo), pero resulta inadmisible en un vehículo de nueva matriculación cuyo precio mínimo supera los 23.000 €uros. Y más, si tenemos en cuenta que mucha gente lo compra pensando que es un SUV con un simpático aire retro, de esos que tienen alergia al barro y no sobreviven fuera de la ciudad.