Como parte de un programa para bajar los niveles contaminantes y para retirar los coches más viejos de las calles, el gobierno francés otorgará 1.000 euros de ayuda para comprar un coche nuevo, a quienes entreguen su coche viejo para ser destruido.

Algunas cifras reveladoras que plantean un interesante problema de lógica: el estado francés tiene un presupuesto de 200 millones de euros para este programa y existen en Francia nada menos que un millón de coches amontonados en las agencias que no se han vendido. ¿Cuál es la solución? Este no es más que una ayudita al sector automotriz francés que, como otros en el mundo, se bajaron del pedestal en que estaban para pedir limosnas al estado.

No se sabe si el público responderá llevando sus viejos coches al desguace; al fin y al cabo, muchos conservan sus coches viejos por diversos motivos que van desde el emocional, hasta el simple hecho de que son mejores que ciertos modelos actuales.

Al menos, se tuvo en cuenta al consumidor a la hora de rescatar de la hecatombe a las automotrices en Francia…