“Estimados” políticos locales, ¡toca reciclarse!: viendo que a los hay-untamientos se les acabó el chollo financiero que suponía el desmadre urbanístico al uso, nuestros pobres alcaldes, hasta ayer mismo expertos (sin título oficial) en el noble arte de la arquitectura, tendrán que olvidar todo lo aprendido (total, pa lo que les va a servir…) y convertirse, a la mayor brevedad, en insignes ingenieros mecánicos especializados en emisiones de CO2.

La exigencia proviene de la federación española de municipios y provincias (FEMP), que quiere que el ministerio de hacienda les deje manga ancha para cobrar el el impuesto de circulación en relación con las emisiones de CO2.

La idea en sí no es del todo descabellada. Lo aberrante, como tantas otras veces, es que la última palabra quede en manos de los alcaldes. Ellos son “expertos” en recalificaciones por hectáreas, urbanismo kilométrico y metros cúbicos de hormigón.Las emisiones de CO2 se miden en gramos por kilómetro, y eso es hilar demasiado fino. Con la caja vacía y el ojímetro en el tubo de escape, el sablazo puede ser de los que corten la respiración.

Pero puestos a ser serios, a la propuesta de la FEMP yo añadiría una condicion “sine qua non”: todo aquel alcalde que quiera mangonear en el impuesto de circulación CO2 mediante, debería sustituir todos los coches oficiales del consistorio por los pomposamente llamados “coches ecológicos” (o sea, los más baratos del mercado).

Es la única manera de tratar con esta clase de gente que se aferra al asiento de cuero de su lujoso coche oficial mientras intenta convencernos de que lo más sensato es usar el transporte público.