Uno de los juicios más extraños de los últimos tiempos es el que se celebra desde hace cinco años en un lugar recóndito de la selva ecuatoriana, Lago Agrio.

Cerca de 30.000 indígenas ecuatorianos acusan a la petrolera Chevron ( en realidad Texaco, que fue adquirida por Chevron en 2001) de vertidos de millones de litros de crudo en la zona durante las décadas de extracción de petróleo.

Los ecologistas lo consideran el mayor desastre ecológico del planeta causado por vertidos de petróleo, y no dudan en calificarlo como el Chernobyl Amazónico.

Aunque todavía no se ha emitido el veredicto final, algunas voces expertas están convencidas de que los demandantes ganarán el juicio, lo que llevaría a Chevron a tener que hacer frente a un gasto de entre 8.000 y 16.000 millones de dólares para limpiar la región selvática que destrozó.

Según publica Newsweek, las noticias que llegaban de la Amazonía Ecuatoriana pusieron muy nerviosos a los directivos de la petrolera (han tenido que revelar el asunto a sus accionistas), hasta el punto de hacer todo lo posible para dinamitar el proceso y anularlo.

Con tanto dinero en juego, y convencidos en que el fin justifica los medios, no han tenido ningún remilgo en acudir a las tácticas más rastreras para salirse con la suya. Chevron no dudó en echar mano de importantes políticos para presionar a la administración Bush para que no amplíe los acuerdos arancelarios con Ecuador (ATPDA) si el gobierno ecuatoriano no invalida el juicio.

Según uno de los políticos contratados por Chevron (que pidió permanecer en el anonimato), la derrota en este juicio podría “sentar un precedente peligroso para otras multinacionales norteamericanas”. “No podemos permitir que países pequeños fastidien a compañías grandes como ésta –compañías que han hecho grandes inversiones alrededor del mundo”. Y seguro que se ha quedado tan ancho…

Todo el asunto está en un momento clave, ya que falta un mes para que el delito prescriba. Para enredar aún más el tema, está por medio el “Contrato de Reparación Ambiental y Liberación de Responsabilidades”, acuerdo firmado por el gobierno ecuatoriano con Texaco en 1995 mediante el cual el estado se comprometía a liberar a la empresa de toda responsabilidad proveniente de sus operaciones petrolíferas a cambio de una reparación ambiental de los daños que hubiera ocasionado.

Según los demandantes, la empresa no cumplió su parte del trato y el propio estado ha abierto una investigación para determinar si hubo delitos de falsificación en los documentos públicos que dieron por terminado el trabajo de limpieza de Texaco y la correspondiente liberación de responsabilidades.

Un asunto tremendamente complejo (los procesos judiciales se iniciaron hace más de 15 años) donde se mezclan ingentes intereses económicos, corrupción, ambiciones políticas, derechos humanos, desastres medioambientales, dignidad,… con el petróleo como trasfondo.

Como decía Roberto Carlos (el cantante brasileño) habrá que ver que verde es más fuerte, si el verde de la selva amazónica o el verde de los billetes de dólar.

Más información desde el lado demandante: Frente de defensa de la Amazonía, con una “abrumadora” cantidad de información (informes, fotos, vídeos).

Artículo de Newsweek (en inglés): A $16 Billion Problem

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