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Mis experiencias a bordo de un 4x4 comenzaron desde bastante pequeño con el Suzuki Samurai de mi abuelo, el cual aun conserva, por lo que mi simpatía hacia estos modernos todoterrenos llamados SUV no era especialmente buena. Si, he escrito era, ya que después de haberme subido al Q5 y aun no valiendo para lugares por donde puede circular un Samurai debo decir, y digo, que me lo he pasado como un enano.

La versión que hemos tenido oportunidad de probar es la 2.0 TDI de 170c.v. motor que consigue empujar al Q5 sin ningún problema en carreteras reviradas de montaña, asociado además a una caja de cambios automática S Tronic de 7 velocidades que permite también el modo secuencial. Un último modo Sport para  la caja de cambios nos permitirá exprimir al máximo su motor, realizando el cambio automático cuando alcanza la franja roja de las revoluciones. En modo normal cambia a las 2000/2500 r.p.m dependiendo de la situación.

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Visto desde el exterior, y comparándolo con su hermano Q7, quizás nos parezca un tanto pequeño, pero una vez subidos a su espacioso interior se nos quita esa idea para acto seguido comenzar a babear con su elegante y refinado diseño. La combinación de colores beige de nuestro modelo le queda muy bonita, aunque mi opinión es que si lo sometes a muchos trotes te decantes por otro color si no quieres que termine negro de la suciedad.

Una vez puesto el mando en el contacto tenemos libertad para toquetear las opciones del ordenador, algo que me ha dejado cierto mal sabor de boca debido a su dificultad durante las primeras incursiones, y es que manejar la gran cantidad de opciones con soltura exige dedicarle unos cuantos minutos. Por ejemplo las opciones del control de velocidad, comparándolo con el de BMW, podrían haberse simplificado logrando un uso mucho más sencillo a la par que se conservan las funciones de las que dispone.

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Y hasta aquí mis primeras impresiones sobre el Audi Q5 2.0 TDI, próximamente más, permanezcan atentos a sus pantallas.