
El Ford Probe de segunda generación se presentó en 1992 como un coupé que pretendÃa reeditar los éxitos del Capri y como el primer Probe que se venderÃa también fuera de América. Pero Ford, en lugar de fabricar su deportivo desde cero, decidió aprovechar el equilibrado Mazda MX-6 para, diseñando una nueva carrocerÃa, sacar el Probe II al mercado. Asà nacÃa el Ford Probe, un atractivo coupé (diseñado por una mujer, Mimi Vandermolen) que, en realidad, esconde un chasis, motor y componentes Mazda. El Probe II era un Mazda MX-6 con una carrocerÃa distinta y mucho más llamativa a la del discreto MX-6.
Durante todos sus años de comercialización casi permaneció invariable salvo un restyling que sufrió a finales de 1994 en el que se modificaban algunos rasgos de la zaga y se incluÃa el airbag del acompañante. Inicialmente salió al mercado con una sola motorización: un 2.5 V6 24v DOHC de 163 CV originario de Mazda y que también empleaban el Mazda MX-6 y el 626. Aprovechando el único restyling que sufrió, se presentó una nueva versión más modesta, la 2.0 16v, propulsor de 115 CV que también compartirÃa con los MX-6 y 626. El cambio era manual de cinco velocidades en ambas versiones pero en América también se ofertó con una caja automática de cuatro marchas. Se trataba de un modelo que presumÃa de una imagen adelantada a su tiempo y que hoy aún atrae multitud de miradas. Además, presumÃa de una estabilidad envidiable y de unos consumos más ajustados que los de su competencia.
Pero Ford nunca ‘hizo demasiado caso’ a un coche que poco tenÃa de Ford y no se preocupó en que sobreviviera. A finales de 1997 dejó de comercializarse para, unos meses después, ser reemplazado por el Cougar, un coupé 100% Ford con un motor Ford Duratec 2.5 V6 24v de 170 CV que, según se rumoreaba, carecÃa del agrado de conducción del propulsor Mazda del Probe.









Realmente un artÃculo muy bueno. Efectivamente el Probe no pasa desapercibido por la calle, y es un coche con el que se pueden vivir magnÃficas sensaciones al volante.