

El último sábado, el huracán Ketsana, luego de recorrer el sudeste asiático, llegó a Filipinas y a su capital, Manila, como una devastadora tormenta en donde las lluvias torrenciales dejaron un saldo bastante destructivo en calles y casas arrasadas y pérdida de vidas. Con 4.5 metros de agua caídos en solamente 24 horas, los coches fueron los menos perjudicados por el tifón, a pesar de lo que se ve en la foto.
Cuando una inundación de gran magnitud gana las calles, los vehículos se convierten en juguetes de las corrientes de agua, que los arrastra y los hace chocar entre sí, además de dejarlos inservibles por los mismos efectos del agua. Cuando el agua se retira, el resultado generalmente se parece más a un cementerio de coches.
Vía: The Big Picture
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