Recuerdo cuán incomprensible fue el hecho de que Ayrton Senna muriera en la curva de Tamburello, en la pista de San Marino, aquel 1º de mayo de 1994. Y la espera por mejores noticias del estado de Ayrton, que nunca llegaron.

Senna había muerto clínicamente casi instantáneamente por culpa de aquel maldito brazo de suspensión que golpeó su cabeza, de un espesor más delgado que lo normal, y que no resistió la fuerza de apoyo que se le aplicaba en esa curva. Aunque el golpe en sí contra el muro, bastó para causar daños irreparables al organismo de Ayrton, dicen otros, y la misma autopsia efectuada más tarde.

Al margen de las culpas y de las investigaciones, la muerte de Senna se llevó a uno de los pilotos más grandes de todos los tiempos o al más grande según dicen otros. Para mi, está entre los tres mejores pilotos que tuvo la F1.

La mejor manera de conmemorar a alguien que ya no está entre nosotros (aunque seguro que no se pierde ninguna carrera desde allá arriba y se ríe de Ecclestone y de la FIA) es recordando lo extraordinario que fue como piloto y como ser humano. Para ello he puesto dos videos; en el primero, veremos un homenaje de tantos visto en YouTube, mientras que en el segundo (después del salto) vemos cómo ayuda a Eric Comas en Spa en 1992, cuando el francés tuvo un fuerte accidente. Ayrton Senna fue el único que se bajó del coche a ayudar, una acción que todavía recuerda Comas “Ayrton Senna me salvó la vida”.

¡Gracias por todo Ayrton!