Las mejores historias y aventuras suceden de improvisto, sin pensarlo, a la aventura. Así me planteé el pasado Evento Insignia, que se celebró en Madrid el día 27 de noviembre. En él se daba a probar a bloggers de España el nuevo modelo Opel Insignia, antes de que salga al mercado el año que viene.

El domingo, mi compañero Fernando me avisaba del evento, me apuntaba y el lunes por la tarde me llamaban para confirmar la asistencia. No les pude decir que sí ni que no, ya que aún tenía que pedir días libres en el trabajo. Así lo hice y me disponía a ir a Madrid el jueves, con más de 7 horas de viaje en coche, pero bueno, esperaba que mereciera la pena. Al final no tuve tiempo de nada en toda la semana y se me estropeó el ordenador por encima; así que me lancé a Madrid sin saber nada más que la hora y el lugar donde me iban a recoger, junto con otros bloggers para probar el nuevo Opel Insignia.

Durante el viaje (600 km. dan para mucho), pude cruzarme alguna que otra vez con algún Opel Vectra, el modelo al que el Insignia va a substituir. Momentos que aprovechaba para repasar el modelo en profundidad, para saber de dónde partía Opel y qué era lo que tenía que mejorar. El Vectra es un modelo que estéticamente se caracteriza por sus líneas rectas, que llegan incluso a ser “toscas” en alguna esquina, con una gran presencia en carretera y una figura imponente. Es un vehículo largo, cuyo frontal parece que se alarga hacia la trasera sin más adornos que los pasos de rueda de las aletas, pareciendo que el vehículo sólo quiere correr y correr.

Dinámicamente iba bastante bien, yo tuve la ocasión de probar alguno, tanto de conductor como de acompañante, y la verdad es que es un coche tienes que aprender a conducirlo, pero que luego aporta muchas sensaciones. Tiene un “culo juguetón”, pero es subvirador debido a su característica todo delante, aunque agarra, y mucho. Me quedé con ganas de probar el OPC, con un motor 2.8 V6 turbo de 280 cv, eso tenía que ser un auténtico cohete devora asfalto.

En el interior, se repetían las líneas rectas en todos los lados: los asientos de atrás eran prácticamente lisos, sin casi agarre lateral, haciendo que en grandes aceleraciones laterales, la gente no se estuviese quieta; las superficies del cuadro repetían el patrón, pareciendo que la consola central fuera una chapa a la que se la añadían botones; y en general, era una sucesión de rectas que se cruzaban en ángulos bastante agresivos visualmente. Aún así, los materiales eran de primera calidad, y los tactos de las superficies muy buenos.

Era un coche bastante ergonómico, con gran habitabilidad y espacio interior (exceptuando que si regulabas el volante bajo, era bastante difícil salir y entrar en el coche), haciendo del viaje a bordo una experiencia agradable. Fue de los primeros que subieron bastante la línea de hombro del lateral y marcó un camino a seguir por los demás, donde la visibilidad hacia el exterior quedaba en segundo plano frente a la sensación de seguridad que aportaba, aunque realmente el vehículo sólo obtenía 4 estrellas en el EuroNCAP.

Aún quedaban kilómetros y kilómetros y cada vez que veía a un Vectra, lo veía como a la espera de que lo adelantara el nuevo Insignia, pero era yo el único que era adelantado.