El circuito callejero de Valencia, el Valencia Street Circuit (pero coño, ¿no se iba a llamar Valencia F1 Urban Circuit?) me fascina, lo reconozco. Representa todo lo que ha convertido este país en la puta mierda que hoy conocemos:

Hordas de politicuchos pendientes de sus intereses y su buena imagen mientras se olvidan de cosas mucho más importantes.

La desidia habitual de esta clase social se tornó en sorprendente diligencia para tenerlo todo a punto en tiempo récord.

Desprecio de las necesidades de los habitantes y trabajadores del lugar para favorecer los intereses de un puñado de turistas que vienen a disfrutar de su pasatiempo favorito: dejarse ver.Los pescadores dicen que el circuito les provoca pérdidas de 30.000 €uros al día.

Ingentes flujos de dinero público destinados a llenar los bolsillos de unos cuantos amiguetes. Y, mientras tanto, la casa sin barrer. Ecclestone está tan contento que el ataque de priapismo le durará todo el mes.

Todos contentísimos porque el “circuito” ya tiene licencia. Más que licencia, lo que se ha concedido es una patente de corso.

Y la chusma enfervorecida por creerse, durante un fin de semana, el centro del universo. Qué pena que Fernando Alonso no esté en su mejor momento. Si tuviera la más mínima opción de ganar, los aullidos de la plebe retumbarían por todos los rincones de la península.

Lo dicho, Panem et Circuites. Que les aproveche a los que estén invitados a la mesa.