Ni siquiera una conducción eficiente puede sustituir a un híbrido.

La afirmación es del profesor Günter Hohenberg, de la universidad técnica de Darmstadt, y viene a resumir las conclusiones obtenidas de sus ensayos enfrentando a un coche híbrido con otros de gasolina o diésel.

En el rincón de los híbridos, el buque insignia de esta tecnología: el Lexus LS 600h. Entre los aspirantes, varios modelos del mismo segmento con motores de gasolina o diésel.

Los recorridos se efectuaron practicando tres tipos de conducción: la del conductor normal, el “deportivo” y el que practica una conducción más eficiente, basada en la anticipación y en la suavidad de las maniobras.

La conclusión final admite poca discusión: independientemente del recorrido y de la forma de conducir, el Lexus LS600h sale vencedor en todas las comparativas.

En tramos urbanos a paso ligero, las berlinas con motor de gasolina consumían alrededor de un 40% más que el modelo estrella de la marca japonesa. Si el propulsor era diésel, la diferencia de consumo (siempre a favor del Lexus) rondaba el 10%. Y cuando el modo de conducción buscaba la eficiencia, la ventaja de consumo del híbrido respecto a los diésel aumentaba hasta el 30%. En recorridos urbanos, con menores cifras de consumos, las diferencias se repetían.

Hohenberg concluye en su informe:

A mayor tranquilidad y capacidad de anticipación del conductor, mayores son las ventajas de emisión y consumo del coche híbrido. Ciertamente, un estilo de conducción eficiente mejora en buena medida los consumos, pero nunca hasta el punto de poder superar los sistemas de ahorro de los híbridos como son la recuperación de energía en las frenadas y los momentos de conducción puramente eléctrica. La compra de un híbrido es una buena base para disminuir consumos y emisiones, pero la ventaja se hace realmente importante cuando el conductor practica, además, un estilo de conducción ahorrador.