Quizá porque estuviera recién levantado, o porque mi capacidad de discernimiento sea limitada; el caso es que la primera vez que he observado estos dos vídeos no he visto ninguna diferencia apreciable entre ellos.

En ambos casos se ven actitudes incívicas, penadas por la ley y reprobadas por la sociedad. El primer vídeo, de pésima calidad, lo pueden ver aquí.

Pero tras verlos varias veces, empiezo a vislumbrar sutiles desigualdades:

En el primer vídeo nos muestran un conductor sin identificar que se dedica a saltarse las normas de tráfico practicando una conducción temeraria en una zona donde no hay, en ese momento, otros usuarios de la vía que se puedan sentir amenazados. Como le echen el guante le va a caer (con razón) una buena reprimenda.

En el segundo vídeo, se identifica perfectamente a un individuo que ocupa un cargo público disfrutando de las comodidades de un coche de lujo pagado por los ciudadanos y que no se preocupa de que su chófer pagado por los ciudadanos se salte las normas de tráfico, que él mismo impone, en carreteras con una elevada densidad de tráfico.

Desprecia la integridad física (y la inteligencia) de los demás usuarios de la vía. Pero disfruta de la impunidad que le ofrece su puesto político. ¡Circulen, que aquí no hay nada que ver!

El segundo vídeo de la “comparativa”, después del salto. Si descubren alguna otra diferencia (o la ausencia de ellas) no duden en comunicármelo.