Mientras los ciudadanos de a pie sufrimos las consecuencias del vertiginoso aumento del precio del petróleo (el precio del barril se ha duplicado en un año), hay otros que, evidentemente, no tienen tiempo ni de frotarse las manos ya que no paran de contar billetes.

Como en cualquier guerra (aunque sea de precios) siempre hay alguien que se llena los bolsillos. Y no hablamos sólo de las grandes compañías petrolíferas.

Los mayores beneficiarios de la situación actual son, y no estamos descubriendo nada nuevo, los 12 países miembros de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo).

Estados cuya balanza comercial desconoce los números negativos. Solo Arabia Saudí tuvo un superávit comercial en 2006 de 76.000 millones de dólares. Las ganancias conjuntas de todos los miembros de la OPEP ese mismo año ascendieron a 649.000 millones de dólares, un 22 % más que el año anterior.
¡Por cada dólar que aumenta el precio del barril de crudo, la OPEP aumenta sus beneficios en 11.000 millones de dólares!

En un nada despreciable segundo lugar se encuentran las compañías estatales de extracción de petróleo. En continuo conflicto por un quítame allá esos pozos con las multinacionales petrolíferas, las compañías estatales han ido adquiriendo cada vez más poder, hasta el punto de que empresas gestionadas por el estado como Saudi Aramco, PDVSA de Venezuela o la rusa Gasprom controlan cerca del 90 % de las reservas conocidas.

Las grandes compañías petrolíferas se tiene que conformar, muy a su pesar, con el tercer escalón de este multimillonario podio. Pero se quejan sin motivo: empresas gigantescas como Exxon Mobil, BP (British Petroleum), Shell, etc. intervienen en todo el proceso productivo, desde la extracción y refinado hasta la distribución y venta al cliente final (combustibles, lubricantes, etc).

En tan largo camino y con el precio del crudo por las nubes, acumulan beneficios record y espectaculares subidas en bolsa. En estos días, el valor bursátil de Exxon Mobil ronda los 500.000 millones (medio billón, pero del europeo) de dólares, casi tanto como General Electric y Microsoft juntas.

Fuera de las medallas, pero en un lucrativo cuarto puesto, se encuentran los llamados “mercados de futuro”, esos se dedican a especular (en el peor sentido del término) con el precio de las materias primas a corto y medio plazo, en este caso con el apetecible “oro negro”. Un eslabón de la cadena que solo busca dinero rápido sin aportar al proceso productivo nada que no sea codicia.

En el quinto puesto, una de las peores consecuencias de todo este baile de cifras: el regreso, y en algunos países por la puerta grande, de la industria de la energía atómica. A muchos gobiernos les han entrado las prisas por diversificar las fuentes de energía y, por falta de previsión, solo se les ha ocurrido echar mano de la energía atómica. Es una industria que actualmente presenta un crecimiento anual del 2,5 %.

Los siguiente de la lista son industrias que se dedican a ciertos tipos de energías alternativas, aunque no sean realmente sostenibles. El caso más evidente es el de las compañías que intentan aprovecharse de la incorrecta imagen ecológica de los agrocombustibles (que, además, hunden sus raíces en la industria petrolífera convencional al utilizar gran parte de sus estructura).

Empresas agrícolas se benefician de los elevados precios de cereales y oleaginosas. Incluso la cotización del suelo cultivable aumenta.

En España, la situación se torna especialmente sangrante, ya que las grandes constructoras y promotoras (que ya han exprimido el ladrillo hasta secarlo) están trasladando sus intereses a este tipo de negocios. Tras haber demostrado que su único fin es la búsqueda de beneficios escandalosos, es de sospechar que no vienen aquí a mejorar la balanza energética nacional, sino simple y llanamente a seguir llenado los bolsillos a costa de los ciudadanos. Es el único bagaje “cultural” que aportan, ya que de energías renovables y sostenibles no tienen ni puta idea (ni falta que les hace).

Otros que también han visto subir rápidamente sus ingresos son las empresas geotécnicas que se dedican a las prospecciones y perforaciones del suelo en busca de nuevos yacimientos petrolíferos. Los mejores especialistas en este campo pueden llegar a cobrar entre 800 y 1.200 €uros al día.

Al final de esta lista podemos encontrar regiones concretas del planeta que también se ven favorecidas por esta escalada de precios. El ejemplo más patente es la región de Alberta, Canadá. Al olor del dinero que puedan obtener de las malolientes arenas bituminosas que se acumulan en la zona, muchas petroleras han puesto rumbo a estos parajes.

La comarca se enorgullece de tasas de crecimiento económico que duplican a las del resto del país. Las cifras de paro han descendido hasta valores que no se veían en estos últimos 30 años.

Estos son los grandes beneficiarios de los actuales precios del petróleo, combustible y lubricante de nuestra civilización. Los demás, entre tanto, acudimos con cara de resignación a la estación de servicio más próxima. Y para más inri, con el amargo convencimiento de que esto no ha hecho más que empezar.

Vía: 20minuten
Más información: Financial Times Deutschland