Lejos de los coches que suelen ser habituales en los “servidores del pueblo”, el alcalde de la ciudad universitaria de Tübingen (cerca de Stuttgart) quiere predicar con el ejemplo como máximo responsable de la campaña de protección climática que ha puesto en marcha en la ciudad.

Mientras los colegas de su categoría acostumbran a tirar de presupuesto municipal y disfrutar de berlinas de clase alta con motores de “gran cilindrada”, Boris Palmer optó por un vehículo de servicio diferente: un Smart Fortwo mhd (Micro Hybrid Drive). Dotado de sistema Start-Stop, el Smart tiene un consumo homologado de 4,3 litros a los 100, con unas emisiones de CO2 de 103 gramos por kilómetro.

Aparte de los consumos y tal y tal, resulta interesante comprobar que para ser alcalde de un pueblo de menos de 100.000 habitantes no hace falta reventar las cuentas del ayuntamiento para darse el capricho de acudir a los actos oficiales en un coche de gama alta. Claro que no es lo mismo ir a presidir un acto académico que acudir a la inauguración del campo de golf de la última macrourbanización.