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La Unión Europea quiere poner en marcha un sistema informático centralizado para controlar las multas de tráfico en los 27 países miembros. El sistema será tan sofisticado que el pecador recibirá la denuncia en casa en su lengua materna, independientemente de dónde haya cometido la infracción, o sea, el exceso de velocidad.

Sobre el papel, el planteamiento tiene mucho sentido: el hecho de viajar al extranjero no ha de ser una patente de corso para pasarse las normas de circulación del país anfitrión por el forro…

En la práctica, parece que la UE ha encontrado (con clara inspiración española) una nueva fuente de financiación para que sus representantes puedan llevar su escandaloso ritmo de vida.

Antes que esto, lo correcto sería centralizar la base de datos para controlar, al dedillo, que todos los conductores (independientemente de sus país de origen) tengan su permisos de conducción en regla, y que todos los coches que circulan por las carreteras europeas (independientemente de su matrícula) dispongan del seguro obligatorio.