

A pesar de los denodados esfuerzos de los fabricantes alemanes para introducir los motores diesel en el mercado norteamericano, tienen que luchar contra un escollo que puede interferir seriamente en sus planes.
Los conductores estadounidenses apenas han estrenado su concienciación acerca del consumo de combustible (ellos eran felices con sus musculosos V8) y el gasoil nunca ha figurado en sus tradiciones (nada como un Peterbilt con motor de gasolina).
Pero incluso si consiguen superar estas barreras ideológicas, tienen que hacer frente a una aún más alta: el precio del diesel en su país.
Mientra en Europa nos echamos las manos a la cabeza hace unos días porque el gasoil superó (por primera vez) el precio de la gasolina (es lo que tienen las decisiones políticas, que solo las entienden los que se benefician de ellas), en Estados Unidos es una coyuntura completamente normal.
En el último año, el diesel ha aumentado su precio en USA un 129 %, situándose esta semana en 1,05 dólares el litro. La gasolina, por contra, ha aumentado su precio en “solo” un 70%, alcanzando los 0,87 dólares por litro.
En semejante situación, no hay campaña publicitaria (ni viral ni mineral) que resista. A la “Rhapsody in Bluetec” orquestada por Mercedes Benz y seguida por VW y BMW le va a ser realmente difícil encontrar un público dispuesto a escucharla.
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