
Es tradición que el Dakar se celebre a comienzos de año. Y también son tradición las amenazas terroristas en suelo mauritano. Pero este año la cosa se ha puesto lo suficientemente fea para que la organización decida suspender la prueba. Y me temo que no va a ser la última vez que ocurra. Quizá sea el momento de volver a pensar en la París-Moscú-Pekín.
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