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Michael Zaglauer tiene experiencia en el manejo de excavadoras. El problema es que el último trabajo que le han encomendado es algo más complicado de lo habitual.

Tiene que derribar una antigua chimenea en el pueblo bávaro de Feuchtwangen. El conducto de ladrillos tiene 50 metros de altura y no puede ser demolido con explosivos.

La solución adoptada consiste en subirse en su pequeña excavadora y dejar que una grúa lo eleve hasta la boca de la chimenea.

Lejos de quejarse de vértigo, el maquinista parece disfrutar con la peculiar tarea: “A veces, me traigo los prismáticos y disfruto de las vistas”.

La foto fué enviada a Bild-online por uno de sus lectores: Bernd Dietrich.

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