
Como los pantalones vaqueros de toda la vida, el Salón de Frankfurt destiñe a medida que pasan los dÃas.
Durante las dos primeras jornadas, exclusivas para los medios de comunicación, el color verde lo inundaba todo, hasta el punto de que más que un salón de coches aquello parecÃa talmente un campito de golf.
Los constructores alemanes no han reparado en gastos y esfuerzos para mostrar sus novedades “ecológicas” a la prensa, la mayorÃa de ellas de cartón-piedra.
Pero los periodistas se marchan (con los de la corbata acompañándolos hasta la puerta), y ahora es el turno del público normal. Y a la gente hay que darle lo que pide: caballos desbocados, neumáticos hipertrofiados y alerones imposibles. Los motores eléctricos, mejor para los coches del Scalextric.
Todo ha sido espectáculo de cara a las galerÃas fotográficas. Casi todo lo que ha mostrado la industria alemana bajo el cartel de la ecologÃa eran precipitados estudios y concept-cars. Verdes, desde luego, pero en el sentido de inmaduros. Ninguno de ellos estará en el salón del año que viene en calidad de primicia mundial de inminente lanzamiento comercial.
Los inventos reales presentados “made in Germany” (Bluetec, Bluemotion, y no sé cuantos más con los ojos “azules”) no tienen nada de revolucionarios.
El caso de los hÃbridos es especialmente sintomático: frente a los dos lustros de experiencia de Toyota en este campo, y sus más de un millón de Prius vendidos, los alemanes todavÃa no son capaces de dar una fecha exacta de cuando pondrán su primer hÃbrido (¿Cayenne, Q7, Mercedes S?) en el mercado. Y eso que se trata de una tecnologÃa puente necesaria para que el hidrógeno se haga finalmente con el control de la situación.
Alemania, antaño orgullosa de su posición vanguardista en el desarrollo del automóvil, ha pasado al furgón de cola ante el empuje de japoneses y franceses.
Mientras el resto del mundo se ha puesto las pilas para reinventar el automóvil, ellos siguen mareando (juntas o por separado) las perdices que, hace más de un siglo, cazaron sus ilustres paisanos Rudolph Diesel y Nikolaus Otto.






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