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Ayer abrió sus puertas, hasta el 5 de agosto, la 24ª edición del Salón 4X4 de Val d´Isere.

Se trata del certámen de vehículos off-road más importante de Europa, donde se dan cita no solo fabricantes de automóviles, sino también de los accesorios propios de la especialidad (navegadores GPS, cabestrantes (o cabrestantes, de la dos maneras es válido), neumáticos de campo, etc.) y de cualquier actividad relacionada con el todo Terreno (rutas, cursillos, etc.)

Además, destaca desde hace años su zona dinámica, en la que se pueden probar la mayoría de los vehículos expuestos. Ahí es donde uno puede darse cuenta de las diferencias entre un TT de verdad y un pisacharcos de esos que ahora están tan de moda; la diferencia entre un conductor al que le gusta ir al campo sin escopeta y un macarra que, vaya donde vaya, lo único que sabe hacer es molestar.

Y, siguiendo la tónica general de las últimas muestras automovilísticas, no podía faltar el apartado medioambiental, precisamente en uno de los sectores de la automoción que más está sufriendo las embestidas del repentino interés ¿ecológico? que ha embelesado a los politiquillos de la última generación.

Se hablará de emisiones y biocombustibles, cuando en realidad habría que hablar de educación y respeto por la naturaleza.