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El sueño de todo vendedor de vehículos nuevos se cumplió al pie de la letra en un concesionario Porsche de Malasia: que entrara un cliente ávido de un Porsche con su chequera en la mano, listo para llevarse uno de los deportivos a casa.

El vendedor, que todavía se sentía flotando en las estrellas, tendió las llaves de un Porsche 911 Targa 4 al extraño cliente quien las había exigido, siempre blandiendo la chequera. El sueño acabó de la manera menos deseada: en cuestión de segundos, el vehículo había salido a través de los cristales del negocio con un violento acelerón.

Con lo que no contaba el singular ratero es que, por lo general, los coches se guardan en las concesionarias con una cantidad mínima de gasolina, ya que a los dos kilómetros el motor del Porsche se detuvo; el ladrón escapó confundido entre el tráfico y la gente…