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Las ciencias de los biocombustibles avanzan que es una barbaridad. Raro es el día en el que no nos sorprenden con una nueva fórmula mágica que catapultará los biocarburantes hacia el futuro.

Da la sensación de que el beneplácito de las grandes compañías petroleras les da alas a algunos expertos en química. Como el Red Bull, que al fin y al cabo no es más que otro combustible alternativo.

La última sorpresa habla de obtener biocombustibles a partir de la fructosa, el azúcar de la fruta.

El compuesto resultante, que han dado en llamar dimethylfuran (DMF), puede almacenar un 40 % más de energía que el etanol, es menos volátil y no es soluble en agua, por lo que no se contamina absorviendo agua de la atmósfera.

Ahora entiendo porqué los veraneantes se empeñan en desayunar en el hotel con zumo de naranja, cuando el resto del año se conforman con un simple cafelito.

Pues nada; a seguir trasvasando agua del Tajo al Segura para que en la huerta valenciana se cultiven naranjas como melones para abastecer al parque móvil nacional. Eso sí, acabaremos pagando el tetrabrik del primo de zumosol a precio de Dom Perignon.

Sólo falta que aparezca un españolito espabilado que sepa cómo obtener biocombustible del césped segado en los campos de golf para convertir a España en la primera potencia energética mundial.