Insisto. Las 24 hora de Le Mans son uno de los mayores espectáculos automovilísticos de todos los tiempos. Y de todas las ediciones, me quedo con la extraña prueba que se celebró en 1966.

La única carrera de la historia en la que, sin ninguna descalificación de por medio, el ganador fué el coche que cruzó la meta en 2ª posición, tal y como comenté hace unos días.

La apabullante victoria de los Ford GT 40 MkII quedó para la leyenda, pero las argucias publicitarias de la marca le amargaron el triunfo al verdadero héroe de aquella carrera: Ken Miles.

Lamentablemente los comentarios están en alemán, pero las imágenes son fascinantes. Aunque pertenezcan al primer ejemplo claro de que anteponer los intereses publicitarios de las marcas al honor de los pilotos suele dar resultados nefastos.