
El pasado 18 de mayo se iniciaba en la ciudad alemana de Oberstaufen lo que los organizadores catalogan como “una de las últimas aventuras automovilísticas de este mundo”.
28 equipos con un total de 84 vehículos recorrerán 5.000 kilómetros a través del desierto hasta la ciudad jordana de Amman. ¿Un Paris-Dakar en primavera? No exactamente.
Los números de esta carrera distan mucho de los que se manejan en el Raid africano de inicios de año: La cuota de inscripción asciende a 111,11 €uros. En cada jornada no se pueden recorrer más de 666 kilómetros (por tanto, la velocidad no es uno de los alicientes que motiva a los sufridos viajeros), y solo está permitido pernoctar en tiendas de campaña, o posadas cuyo precio por noche sea inferior a 10 €uros.

Cada equipo está formado por seis conductores y tres vehículos. Todos los pilotos están obligados a llegar a la meta, aunque no necesariamente todos los automóviles. Si un coche se queda tirado, conductor y copiloto deberán ser recogidos por otro de los coches del equipo para continuar el viaje.
¿Y los coches? Como en toda competición que se precie también tienen que cumplir su propio reglamento: únicamente tienen cabida aquellos con, al menos, veinte años desde su primera matriculación, y cuyo valor no exceda los 2.000 €uros. Os podéis imaginar el tipo de carros que se presentaron en la linea de salida. El más barato de todos quizá sea uno que pertenece al equipo de los propios organizadores: un viejo Citroen que cambiaron por un par de cajas de cerveza.
El premio para el vencedor está a la altura de las exigencias requeridas para poder competir: un camello, que permanecerá en Jordania pero que podrá ser visitado por los ganadores siempre que lo deseen.
Los organizadores de la prueba han recaudado 40.000 €uros, que irán destinados a la construcción de un quesería en tierras jordanas. Además han conseguido un sponsor que, a cambio de poder mostrar su imagen, ha ofrecido una instalación de agua caliente por energía solar valorada en 20.000 €uros.
Vamos, que no hace falta montar la parafernalia que envuelve a la carrera que ideó Thierry Sabine para disfrutar de un viaje divertido, y solidario, por el desierto africano.

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