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Un agricultor indio fué enterrado hace unas semanas en la forma en que había solicitado cuando aún estaba vivo: dentro de su querido coche, un Morris Minor adquirido en 1958 que hizo las funciones de ataúd.

El sepelio tuvo lugar en la localidad india de Sivapuram. La familia, respetando el deseo del difunto, decoró el Morris Minor y depositó el cadáver en su interior. Para abrir una tumba la suficientemente grande para que pudiera albergar el coche tuvieron que recurrir a una retroexcavadora.

Ciertamente parece un final más digno que acabar pudriéndose en un desguace.