Interesante video en el que se muestra el ensamblado del Bugatti Veyron, el deportivo superlativo.

Los datos que aporta el comentarista parecen de ciencia ficción: un precio de 1,3 millones de €uros, 16 cilindros en V y 8 litros de cubicaje en un bloque motor de sólo 71 centímetros de largo , 4 turbocompresores, 1001 C.V. de potencia, 1.250 Nm de par máximo (casi el doble que un Ferrari Enzo), 2,5 segundos para pasar de 0 a 100 km/h., 407 km/h. de velocidad punta.

Tracción total, ESP, cambio DSG de 7 marchas, bielas de titanio y 64 válvulas mandadas por 4 árboles de levas. Para evitar problemas de encendido, se controla la cantidad de corriente que le llega a cada bujía.

Los tornillos de los colectores de admisión llevan grabadas las iniciales del fundador de la marca, Ettore Bugatti. Peso total del motor: 400 kg. de los 1.900 que pesará el coche completo.

Las dos mitades que componen el chasis de fibra de carbono y acero inoxidable se unen mediante sólo 14 tornillos; eso sí, en puntos optimizados para conseguir la máxima rigidez. Los discos de freno cerámicos miden 40 centímetros de diámetro.

Con semejante rendimiento, la refrigeración del motor supuso un auténtico reto: mientras consigue los 1.001 C.V. de tracción, el propulsor genera una una cantidad de calor equivalente a 2.000 C.V. de potencia. Para evitar problemas de sobrecalentamiento, el Veyron lleva 12 radiadores y 55 litros de refrigerante.

El alerón trasero se levanta a partir de 220 km/h., y en frenadas a fondo, contribuyendo a conseguir deceleraciones de hasta 2 G.

Para conseguir una de estas joyas hay que desembolsar 300.000 €uros de señal y demostrar, durante el año y medio siguiente, una paciencia digna de un santo. A cambio, obtendrá otra cifra impresionante: 16,7.

¿Alguien da más?

Ah, sí. Se me olvidaba: 16,7. Son segundos; 16,7 segundos. Exactamente, los que tarda el Bugatti Veyron en acelerar desde parado hasta los 300 kilómetros por hora.

(Via: Motorpasión)